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Desarrollando la idea de la Sociedad Anónima como sociedad de capital

Samuel Véliz Ortíz

Abogado por la Universidad Católica de Santa María de Arequipa. Magíster en Derecho de la Empresa por la Universidad de Navarra (España). Asociado Senior del área corporativa del Estudio Payet, Rey, Cauvi, Pérez Abogados. Profesor del curso de Sociedades Anónimas de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Árbitro del Centro de Arbitraje de la Cámara de Comercio e Industria de Arequipa


Sumilla

El objetivo del presente artículo es explicar por qué una sociedad anónima es considerada una sociedad de capital. Para ello, el autor desarrolla los conceptos de “sociedad de capital” y de “sociedad de personas” desde un punto de vista teórico para luego encontrar en la Ley General de Sociedades las manifestaciones que consagran a la sociedad anónima la sociedad de capital por excelencia.

  1. La falta de definición normativa

Cuando un estudiante de Derecho lleva sus primeras lecciones sobre derecho mercantil o específicamente sobre derecho societario, es habitual que se le diga que existen dos grandes grupos de sociedades. Así, creo que todos hemos escuchado alguna vez los conceptos de “sociedades de capital” y “sociedades de personas” y la afirmación de que la sociedad anónima es la forma típica de una sociedad de capital. Sin embargo, nuestra Ley General de Sociedades (Ley N° 26887) no tiene en ningún momento alguna definición de ambas formas ni artículos específicos que las diferencien.

Es más, en el Perú sucede algo particular y es que no contamos con normas distintas que regulen independientemente a las sociedades de capital de las sociedades de personas como sucede en España con la Ley de Sociedades de Capital aprobada por el Real Decreto Legislativo 1/2010 o en Chile con la Ley N° 18046 – Ley de Sociedades Anónimas; las cuales regulan únicamente a las sociedades de capital. En síntesis, en el Perú el mismo cuerpo normativo – la Ley General de Sociedades – regula a ambas formas de sociedades.

Entonces, cuando un alumno pregunta en qué parte de la Ley General de Sociedades se consagra a la sociedad anónima como la mayor expresión de una sociedad de capital, se suele recurrir a la doctrina; lo que genera que únicamente se den respuestas teóricas a dicha interrogante. No obstante, más allá de que la Ley General de Sociedades no tenga una norma expresa con esa definición, el articulado de dicho cuerpo normativo nos permite afirmar que la sociedad anónima cuenta con características propias para ser considerada como una sociedad de capital.

  1. Diferencia entre sociedades de personas y sociedades de capital

Para ser concisos, debemos partir de la premisa de que en una sociedad de personas la identidad de los socios que la conforman tiene una relevancia mayor a la de los aportes; por lo que entonces los socios tendrán una participación en la actividad económica de la sociedad. Producto de ello, en una sociedad de personas se permitirá que los aportes de los socios no solo se circunscriban a dinero o bienes valorizables en dinero; sino que también es posible que consistan en servicios. Es más, la intención de contar con una sociedad de personas es precisamente que los socios se involucren en la gestión social y que el mercado conozca que esas personas están detrás de la sociedad; por lo que la dimensión contractual de la sociedad está muy presente. En el Perú, las denominadas “otras formas societarias” reguladas en el Libro III de la Ley General de Sociedades referidas a: (i) sociedad colectiva, (ii) sociedad en comandita, (iii) sociedad comercial de responsabilidad limitada y (iv) sociedad civil (ya sea de responsabilidad limitada o ilimitada) son sociedades de personas.

En contraposición, en una sociedad de capital, los aportes de los socios tienen una mayor relevancia que su propia identidad; por lo que, en este tipo de sociedades, únicamente se permitirá que los socios aporten dinero y bienes o derechos valorizables en dinero; pero no su propio trabajo o servicios. Ello generará la existencia de un capital social que regirá la forma de determinación de los derechos económicos y políticos de los socios y permite que exista una administración especializada independiente. En ese sentido, el ámbito institucional de la sociedad tiene un mayor relieve; ya que primará el patrimonio de la propia sociedad como persona jurídica independiente que la identidad de los socios. En el Perú, la sociedad anónima – con sus formas especiales de sociedad anónima abierta y de sociedad anónima cerrada – es una sociedad de capital.

En este punto nos permitimos aclarar de que no debe caerse en el error de afirmar drásticamente de que en una sociedad de personas no importan los aportes y que en una sociedad de capital no importa la identidad de los socios. Lo que debe tenerse presente es que en cada forma de sociedad un aspecto desplaza en relevancia al otro, pero no lo elimina. Es decir, en una sociedad de personas, la identidad de los socios desplaza en importancia a los aportes; mientras que, en una sociedad de capital, los aportes desplazan en importancia a la identidad de los socios.

Es más, si bien la forma societaria marca una forma ideal en cómo se desarrollará una sociedad (por ejemplo, respecto a las reglas en la forma de adopción de acuerdos), la forma societaria (de sociedad de capital o de sociedad de personas) no será en la práctica el aspecto crucial para determinar la importancia de la identidad de los socios o la permanencia de la persona jurídica. De este modo, la práctica nos enseña – por ejemplo – de que existen sociedades que se hayan constituido bajo la forma de “sociedad anónima” pero que su subsistencia se basa en quienes son sus socios; tal como puede ser el caso de una sociedad subsidiaria que depende de su matriz extranjera o el caso de una sociedad anónima cerrada en la que los socios están estrechamente vinculados a la operación comercial. Del mismo modo, existen sociedades que se han constituido bajo la forma de “sociedades de personas” que cada vez están más desligadas de la identidad de los socios; tal como puede ser el caso de un estudio de abogados que haya adoptado la forma de sociedad civil de responsabilidad limitada; pero que el paso del tiempo ha generado que el estudio en sí mismo (con distintos socios y abogados) tenga un peso propio en el mercado independiente al de los socios fundadores.

Habiendo dicho todo lo anterior, nuestra opinión es que el rasgo principal que caracteriza a una sociedad de capital es precisamente en cómo se encuentra conformado el capital social. En doctrina[1] se suele atribuir como diferencia entre sociedades de capital y de personas a la responsabilidad limitada, al fin económico y a la administración separada; sin embargo, nos parece que – al menos en el Perú – dichas características no son excluyentes de la sociedad de capital (o de la sociedad de personas). Lo anterior debido a (i) que existen sociedades de personas a las que la ley le otorga la posibilidad de contar con responsabilidad limitada, tal como el caso de la sociedad civil de responsabilidad limitada, (ii) que el artículo 1 de la Ley General de Sociedades consagra de que todas las sociedades reguladas por este cuerpo normativo se constituyen para el desarrollo de actividades económicas; más allá de que en la sociedad civil se señale que el fin económico debe estar circunscrito al ejercicio de una profesión, oficio, pericia u otro tipo de actividad personal de los socios y (iii) que la ley permite también que la administración de algunas sociedades de personas esté a cargo de personas distintas a los socios, como lo es el caso de la sociedad comercial de responsabilidad limitada.

  1. Manifestaciones de la sociedad anónima como sociedad de capital

Tal como se desarrollaba en el punto anterior, nos parece entonces que la sociedad anónima es la sociedad de capital por excelencia principalmente por cómo se encuentra compuesto su capital social; siendo así los siguientes elementos los rasgos más característicos y propios únicamente de la sociedad anónima en su dimensión de sociedad de capital.

a. La identidad de los socios no es un dato inscribible en los Registros Públicos.

Tal como lo dice el propio nombre de “sociedad anónima”, la identidad de los socios de una sociedad anónima no está disponible al público general en ningún registro público; ni siquiera en el caso de las sociedades anónimas abiertas (salvo por disposiciones del mercado de valores que obliga que las sociedades cotizadas revelen la identidad de algunos accionistas relevantes; pero no de todos los accionistas).

Únicamente los datos de los socios fundadores de una sociedad anónima constarán en el asiento de inscripción; pero no la identidad de los accionistas que la sociedad tenga luego de haberse constituido. El propio artículo 4 del Reglamento de Registro de Sociedades señala expresamente que no es un acto inscribible en el Registro de Personas Jurídicas la transferencia de acciones. Por dicho motivo, cuando se quiere conocer la identidad de los accionistas de una sociedad anónima, se debe recurrir a la matrícula de acciones de la sociedad (que es un registro privado) y no a los Registros Públicos.

b. Está prohibido el aporte de servicios al capital social

El artículo 52 de la Ley General de Sociedades prohíbe expresamente que los accionistas de una sociedad anónima aporten servicios al capital social. De esta forma, la normativa societaria se asegura de que la sociedad anónima cuente con un capital social real y tangible respaldado por aportes de los accionistas; los cuales pueden ser únicamente bienes o derechos susceptibles de valoración económica.

Si bien es cierto que el artículo 75 de la Ley General de Sociedades permite que el pacto social contenga prestaciones accesorias con carácter obligatorio a todos o algunos accionistas; las cuales podrían consistir – por ejemplo – en la prestación de los servicios profesionales de los accionistas a favor de la sociedad; dicho artículo evita toda confusión al señalar taxativamente de que las prestaciones accesorias no pueden integrar el capital social.

c. Las funciones de ordenación y de garantía del capital social

El capital social tiene dos funciones. La primera es la función de ordenación que está referida a lograr que los derechos políticos y económicos con los que cuente un accionista estén íntimamente vinculados con el aporte que haya efectuado al capital social. Con ello, por ejemplo, la Ley General de Sociedades busca que el accionista que realizó un aporte mayor tenga mayor peso en la toma de decisiones en la junta general de accionistas debido a que en la junta de accionistas se toman acuerdos en función a la mayoría del capital y no por mayoría de personas; y que, a su vez, dicho accionistas tenga mayor participación en las utilidades.

La segunda función es la de garantía que está referida a que el capital servirá como un monto mínimo que la sociedad debe mantener como patrimonio social; resaltando así que la sociedad debe hacer frente a sus acreedores directamente con su patrimonio y no con el patrimonio de sus socios. Por ello, la Ley General de Sociedades se preocupa de evitar situaciones en que el patrimonio social sea inferior a la cifra del capital social; tal como la disposición del artículo 230 que prohíbe que se repartan dividendos en caso el patrimonio neto sea inferior al capital pagado y el hecho de que el artículo 407.4 contemple como una causal de disolución de la sociedad que las pérdidas hayan reducido el patrimonio neto a una cantidad inferior a la tercera parte del capital pagado.

Así, la Ley General de Sociedades se preocupa en regular y tutelar las funciones del capital social de una sociedad anónima[2].

  1. Conclusiones

Como hemos visto a lo largo del presente artículo, la principal diferencia entre una sociedad de capital y una sociedad de personas es la relevancia que tiene en cada una de ellas la identidad de los socios y los aportes que conforman el capital social.

De esta forma, en una sociedad de personas prima la identidad de los socios sobre los aportes; mientras que en una sociedad de capital priman los aportes sobre la identidad de los socios. Si bien la doctrina suele encontrar varios puntos que diferencian a ambas sociedades, consideramos que en el caso peruano la principal diferencia la encontramos en las normas que regulan al capital social.

Entonces, la sociedad anónima es la sociedad de capital por excelencia debido – principalmente – a que (i) la identidad de los socios no es un dato público; sino privado, (ii) no es posible que los accionistas aporten servicios (trabajo) al capital social y (iii) por la forma en que se regula al capital social a fin de lograr que se cumplan las funciones de ordenación y de garantía.


Referencias bibliográficas:

[1] Ver por ejemplo “Comentario de la Ley de Sociedades de Capital”. Coord.: Rojo Fernández, Angel y Betrán Sánchez, Emilio. Editorial Thomson Reuters-Civitas. 2011. Pág 182.

[2] El tema de las funciones del capital social ha sido tratado en un artículo independiente del presente blog: https://dimensionmercantil.pe/entendiendo-la-figura-del-capital-social/

Samuel Véliz Ortíz
Samuel Véliz Ortíz
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